Nuestra visión

«Una iglesia que vive para la gloria de Dios».

En Príncipe de Paz sabemos que la única manera de ser una iglesia viva es marchando conforme a lo que Dios ha revelado en su Santa Palabra, por eso nuestra misión se resume en las siguientes cuatro directrices:

Nuestra misión

Unidos a Jesucristo,
sometiéndonos a su señorío,
ayudando a otros,
y haciendo discípulos en todo lugar.

Para explicarlo mejor, hemos diseñado el siguiente gráfico:

Éste representa al discípulo de Cristo viviendo conforme a la voluntad del Padre. Tiene como base Marcos 12:28-34, que incluye la respuesta de nuestro Señor a la pregunta acerca de cuál es el mandamiento más importante:

«El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos».

Encontramos aquí, dos dimensiones de la vida cristiana: La dimensión vertical: Amar a Dios con todo nuestro ser; y la dimensión horizontal: Amar a nuestro prójimo de la misma manera en la que nos amamos a nosotros mismos. Ambas se encuentran representadas en este gráfico.

Comenzamos con la dimensión vertical en su dirección «hacia abajo», lo que quiere decir que la vida del discípulo de Cristo comienza conociendo a su Señor y fructifica en la medida en la que el discípulo permanece en íntima comunión con Él. Esto es confirmado por nuestro Señor en Juan 15:5:

«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer».

Así, el discípulo de Cristo es impulsado a dar fruto viviendo una vida de adoración que incluye cada aspecto de su vida. Ésta sigue siendo la dimensión vertical, pero esta vez «hacia arriba». Esto es lo que el Señor pide a sus discípulos en Juan 14:15:

«Si me amáis, guardad mis mandamientos».

De esta manera, el discípulo de Cristo comienza a dar fruto por amor a Él; se somete a su señorío tratando de comprender y obedecer cada uno de sus mandamientos.

Pasamos luego a la dimensión horizontal del cristianismo, que implica amar a los que están a nuestro rededor de la misma manera en que nos amamos a nosotros mismos. En ambos extremos encontramos dos conceptos que nos ayudan a vivir en este mundo de manera equilibrada y a impactarlo con el evangelio de Jesucristo: Los actos de misericordia y hacer discípulos.

Respecto a los actos de misericordia, en Mateo 25:35-36, el Señor Jesucristo nos dice:

«Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí».

Y cuando hablamos de hacer discípulos, nuestro Señor envía a su iglesia con las siguientes palabras:

«…id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

Nuestro Maestro quiso que nos ocupáramos de ambas cosas, y además modeló esto con su propia vida. Esto es lo que el mismo evangelista nos dice del Señor cuando comenzó su ministerio:

«Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo». Mateo 4:23.

Creemos que haciendo estas cuatro cosas seremos una iglesia viva para la gloria de Dios. Sabemos que esto no es todo, pero creemos que es una buena base para comenzar.

Nuestro anhelo es, que al llegar al final de nuestros días podamos decir junto con nuestro Señor:

«Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese». Juan 17:4.