Génesis 3; Apocalipsis 22.

La Escritura nos enseña que la creación de Dios era perfecta, sin embargo, nuestra desobediencia trajo consecuencias terribles. Nuestra relación con Dios, entre nosotros mismos y con la creación quedaron completamente dañadas. Pero Dios no quiso dejar las cosas así. En su misericordia, Él prometió un Redentor, alguien que aplastaría por completo la cabeza de la serpiente, librándonos así de la esclavitud y restaurando todas las cosas.